AGRICULTURA ECOLóGICA, EL FUTURO DEL CAMPO.

25 de April del 2016

El caso de José María Pérez es curioso. Y es que fue lo que se ‘vendía’ cuando el estudiaba Ingeniería Técnica Agrícola, en Ciudad Real, lo que precisamente le motivó a hacer lo contrario. Frente a la agricultura productivista que se promulgaba en la Universidad, el optó por aprovechar la herencia de su padre y su abuelo, ambos agricultores, para dar una vuelca de tuerca y apostar por lo que hace dos décadas estaba emergiendo: la agricultura ecológica. Hoy, con más de 120 hectáreas entre olivos, cereal y almendros, es uno de los productores más importantes de la provincia en esta materia y puede presumir de contar con uno de los primeros expedientes de producción en esta rama que se dieron en Castilla-La Mancha.


Allí, en la Universidad, «me surgió la duda, porque en una escuela de agrónomos tratan de inculcarte que las plantas y los animales no son seres vivos sino máquinas de producir leche, tomates, cereales... y eso me chocó bastante, como hijo y nieto de agricultor. Por esto, paralelamente, me fui formando y viendo que había otros tipos de agricultura, como la ecológica, que es lo que yo más entendía como agricultura», explica Pérez.
No en vano, es este tipo de agricultura la que se ha venido cultivando desde hace 13.000 años, puesto que fue a partir, sobre todo, de la IIGuerra Mundial, con la ‘Revolución Verde’, cuando empezaron a aplicarse en mayor medida los insecticidas y otros productos químicos, con los que este agricultor no comulga.
«Yo practico una agricultura ecológica no tanto a nivel de certificadoras o cumplir una normativa, sino hacer una agricultura, aunque aplicando las nuevas tecnologías, como se hacía desde que el hombre es hombre. No usamos productos que no sean necesarios y los que usan no son agresivos ni perjudiciales para el medio ambiente», indica, congratulándose de que frente a cuando empezó a comercializar su producto, sobre todo en el exterior, ahora tenga en nuestro país un buen nicho de mercado.


Hace unos 15 años, prácticamente todo lo que producía iba para Alemania, «porque precisamente fue allí donde empezaron a usarse más los productos químicos y se han dado cuenta primero de las nefastas repercusiones que tienen el uso y abuso de estos productos». Ahora, por suerte, en España está creciendo cada vez más el consumo de estos productos. Y, precisa, lejos de lo que se pueda pensar, este consumidor «no es el que tiene mayor poder adquisitivo, sino un mayor nivel cultural y, sobre todo, de conciencia respecto a lo que consume y a cómo se produce lo que consume».
En este sentido, reconoce que, en cuanto a distribución, la labor que ha venido haciendo durante lustros el Instituto de Promoción Exterior de Castilla-La Mancha (IPEX) ha sido fundamental para encontrar canales con los que llegar a más gente, facilitando la asistencia a ferias internacionales donde Pérez ha encontrado buenos clientes. Ahora, en cambio, «lo que me estoy currando más, porque está creciendo mucho a nivel nacional el consumo, son los canales cortos de distribución, con venta directa al consumidor final».
De este modo, antes vendía a tiendas especializadas, pero la posibilidad de contar con su propio molino le permite elaborar, envasar y comercializar directamente. Tanto es así, que «un día a la semana voy a Madrid y voy puerta a puerta a llevarles el aceite. En una feria que hay en noviembre en Madrid hago los contactos y cuando acaba la campaña, me pongo en contacto con ellos y me hacen los pedidos a través de correo electrónico, y reparto puerta a puerta».


Para este profesional del campo, gratificado en su interior por la convicción de lo que hace, la agricultora ecológica «tiene y debe ser el futuro», puesto que en esta labor confluyen muchos factores y la experiencia ha demostrado que «dos más dos, en el campo, no siempre son cuatro», es decir, la agricultura productivista no tiene por qué dejar mayores rendimientos, y más en un suelo como el de Castilla-La Mancha, idóneo, según Pérez, para este tipo de práctica.


«Es la única viable a medio y largo plazo, porque es sostenible, porque no daña los ecosistemas, con lo que puede perdurar, sin olvidar el aspecto saludable para las personas. Creo que tiene mucho futuro, no creo que sea una moda. Desde el punto de vista social cada vez está más demandada, pero también desde el punto de vista político, porque todas las políticas agrarias de la UE van encaminadas a la defensa del medio ambiente», de ahí que una parte de la PAC se refiera en exclusividad a esta agricultura, cuyos productos cada vez se pueden encontrar en más establecimientos y grandes cadenas, si bien, por el momento, «al final quien manda son las multinacionales, que aún no han apostado por ella, porque les conviene la productividad y lo que ello implica, de fitosanitarios, etc., es decir, hay unos lobbies muy fuertes que frenan, porque a cualquier consumidor que le expliques la diferencia, va a optar por lo ecológico».


Reconoce, no obstante, que el tratamiento, a base de productos naturales, que se tiene que dar a estos cultivos, resultan más costosos, de ahí la necesidad de mantener las primas como hasta el momento, o incluso incrementarlas, pero Pérez quiere acabar con el mito del menor rendimiento, para lo cual es necesario que los profesionales del campo se den cuenta de que agricultura ecológica no es sinónimo de «abandono» sino que es más profesional y requiere mucha dedicación. Con esa premisa, los rendimientos no tienen por qué ser mucho menores, aunque «tiene que haber una apuesta del Gobierno, porque es un sector en ciernes en relación con el cual ha costado dar el paso, por eso hay que apoyarlo».


Y también porque hay que tener en cuenta la viabilidad del sistema sanitario, donde también es interesante que no pase desapercibido el beneficio de lo ecológico. «Hipócrates ya decía: ‘que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento’. Esto es una inversión a medio y largo plazo por la sostenibilidad del medio ambiente y la salud de las personas, y en ello tienen que invertir las administraciones», lo cual se ha venido haciendo con fuerza durante los últimos años; y que ahora, con la modificación de las primas «esto se vaya al garete... cuando Castilla-La Mancha es líder en ese sentido, porque el suelo que tenemos se da a ello».


Resulta evidente que un olivo en Castilla-La Mancha no da lo que da en Andalucía y un cereal no da lo que da en Castilla y León, «por eso -Pérez lo tiene claro- debemos defendernos con la calidad diferenciada que nos da la agricultura ecológica». Esa debe ser, sugiere este profesional, la seña de identidad en la región, la apuesta más clara para conseguir un mercado competitivo en un sector que, no hay que olvidar, es prioritario aquí.

Fuente: La tribuna de Toledo.

Jorge Fraguas/Toledo