El punto de equilibrio

14 de August del 2019

El domingo por la tarde, a la hora de escribir este artículo, el mundo tenía 7.726.172.300 habitantes a los que es necesario alimentar. La actividad agroalimentaria en su conjunto es la encargada de esa tarea básica. Y lo debe hacer de la forma más sostenible posible, respetando el medio ambiente y contribuyendo a luchar contra el cambio climático. Por cierto, que la actividad agraria entendida en su conjunto es el único sector que desempeña un doble papel en este asunto.

Por poner un ejemplo, el sector industrial o el del transporte sólo contaminan, mientras que el agroalimentario contamina y emite gases de efecto invernadero contribuyendo así, como cualquier acción humana, al cambio climático, pero también tiene un efecto sumidero, a través de las plantas y los bosques, y evita la emisión de más gases de ese tipo a la atmósfera.

Y en esta doble función es en la que se debe incidir desde el sector agrario y alimentario para poner en valor su actuación en la lucha contra el cambio climático. Eso, por un lado. Por otro, está claro que es necesario producir más alimentos, y hacerlo de forma más sostenible, por supuesto, para dar de comer y de beber a un número de personas que podría llegar a los 10.000 millones en el horizonte del año 2050, que está a la vuelta de la esquina, porque el tiempo no pasa, sino que vuela.

Las prácticas agrícolas y ganaderas tienen que ser más sostenibles

Según coinciden los expertos en estos temas, el suelo cultivable del planeta está prácticamente al límite, salvo que se siga con la nociva deforestación, por lo que no va a quedar más remedio que incrementar los rendimientos de los cultivos y de las producciones ganaderas, es decir, hacerlas más intensivas. Pero, al mismo tiempo, las prácticas agrícolas y ganaderas tienen que ser más sostenibles, degradar menos los suelos, reducir el uso y consumo de agua dulce, uno de los recursos que se están volviendo más escasos, y, en definitiva, contaminar menos. Ahí está el gran reto que nos espera en los próximos años, que no puede esperar.

Dicho lo anterior, los habitantes del planeta que actualmente desperdician alimentos, que somos muchos en los países desarrollados, deberíamos dejar de hacerlo, ya que de esta forma también estaríamos contribuyendo a frenar el cambio climático. Por cierto, en lo que he tardado en escribir este texto, unos treinta minutos aproximadamente, el número de habitantes del planeta sigue siendo de 7.726.172.300, que hemos aumentado en casi 4.000 habitantes en un ratito de nada, y todas ellas deben comer y también contaminan.

 

Artículo de opinión publicado en el diario `La Razón´ el 12 de agosto de 2019. El Galgo Apeles: César Lumbreras