Pon un gerente en tu cooperativa.

22 de April del 2015

Quedaron atrás aquellos tiempos en los que la cooperativa se gestionaba con la voluntariosa dedicación del presidente y de algún otro miembro del Consejo Rector, que con la ayuda de una gestoría externa o del administrativo de la entidad, despachaban de forma un tanto artesanal e intuitiva los escasos papeles que la gestión diaria de la cooperativa requería para estar al día.

Hoy la gestión de cualquier empresa es cada vez más compleja: requiere conocimientos informáticos, contables, fiscales y laborales, cada vez hay más plazos que cumplir, más exigencias legales, en definitiva, más burocracia administrativa que hace inviable aquella forma tradicional de llevar la cooperativas y nos aboca necesariamente a contar con una gestión mucho más especializada y profesionalizada.

La figura del gerente.

A medida que ha ido aumentando la complejidad de la gestión de una cooperativa, es cierto que los Consejos Rectores han ido evolucionando (seguramente a menor ritmo del deseado) hacia una gestión más profesionalizada, por ello resulta habitual observar cómo los Consejos Rectores han ido delegando muchas tareas de gestión que antaño realizaban a favor de algún trabajador de la entidad al que se le viene denominando popularmente ¿gerente?.

Estas figuras de gerente, han ido acaparando progresivamente funciones de gestión, llegando al día de hoy a controlar la práctica totalidad de las áreas de la empresa, desde la gestión económica, comercial y productiva hasta la difícil área de la gestión social de la entidad.

El perfil de estos denominados gerentes, con más o menos preparación académica, suele responder a un estándar bastante común: relación basada en la confianza, con amplio poder de hecho atribuido por el Consejo Rector pero sin ningún tipo de regulación escrita sobre las concretas funciones y límites de sus atribuciones, que toman gran parte de las decisiones del día a día pero que la responsabilidad de las mismas recae directamente en el Consejo Rector.

Sin embargo, pese a ser un modelo bastante generalizado en nuestras cooperativas, lo cierto es que en muchas ocasiones este sistema genera numerosas inseguridades tanto al denominado ¿gerente?, que no sabe ¿si peca por exceso o por defecto? al no tener definido el alcance de sus funciones, como al Consejo Rector que difícilmente puede exigir responsabilidad a alguien a quien no se le ha dicho por escrito cuáles son sus funciones o, lo que es lo mismo, qué se espera de él y por qué va a ser valorado.

Esa inseguridad material y jurídica que genera esta situación se puede solventar si decidimos acogernos al modelo de ¿gerente? o ¿director? que define la Ley de Cooperativas, cuyo elemento esencial en su regulación es la delegación de facultades por escrito mediante un poder notarial en el que se describen de manera clara y precisa dónde empieza y dónde termina su capacidad de actuación y, por tanto, se sepa de manera precisa en qué áreas tiene capacidad de decisión y en cuáles no y, por ende, en qué casos se le pueden exigir responsabilidad por acción o por omisión, por sus aciertos o por sus fracasos.

Sin embargo, sorprendentemente, el concepto de apoderar ¿notarialmente? suele generar muchas reticencias y miedos en los Consejos Rectores, que sienten perder su protagonismo y prefieren mantener el ¿poder de firma? de numerosos actos a pesar de desconocer el alcance de los mismos, a pesar de no participar en su conformación, asumiendo así una responsabilidad por omisión que asustaría a más de uno.

¿Qué características define la Ley de Cooperativas al Director o Gerente?

El artículo 65 de la Ley determina que el Consejo Rector es el competente para designar las personas que con la denominación de Gerente o Director General actúen con apoderamiento general de la cooperativa en relación con la totalidad o una parte de las actividades principales o accesorias que desarrolla la misma. El ámbito de las facultades que le sean concedidas deberá recogerse en escritura pública y ser objeto de inscripción en el Registro de Cooperativas de Castilla-La Mancha.

Es, por tanto, el Consejo Rector el que define el ámbito de facultades que delega en el Gerente, de manera que este apoderamiento puede ser todo lo amplio o todo lo reducido que se quiera. Además, el Consejo Rector podrá en todo momento cesar a quien ocupe ese cargo, así como modificar y limitar en las facultades concedidas cuando lo estime oportuno.

Es cierto que la existencia de gerencia en la cooperativa no modifica ni disminuye las competencias y facultades que son propias del Consejo Rector, ni excluye la responsabilidad de sus miembros por la actuación del Gerente.

Pero es también cierto que el Gerente apoderado podrá ser objeto de acciones de responsabilidad por los daños y perjuicios causados a la cooperativa, socios y terceros por su actuación antijurídica o cuando su actuación no se ajuste al ámbito de facultades conferidas, bien porque se ha extralimitado en sus funciones o por no haber ejercido las mismas en aquellos casos en que hubiera sido precios.